La «paranoia» Dembélé

“No me parece que haya acabado lesionado. Espero que sea paranoia vuestra”. A Valverde le sorprendió la pregunta de los periodistas en el post-partido del Villarreal. Pero es que los precedentes ponen en alerta a cualquiera. Dembélé, que reaparecía ante el Villarreal después de su lesión en Bilbao, había realizado algunos gestos raros después de una carrera en la que salvó un balón antes de un córner. Los últimos precedentes, aquella lesión en Vigo antes del partido de Anfield o la última de San Mamés, cuando se fue de fin de semana sin saber que se había roto en el bíceps femoral de su pierna izquierda, no resultaban muy tranquilizadores.

Dembélé regresa este sábado a Getafe, el primer campo maldito que delató la fragilidad del bíceps femoral de su pierna izquierda en 2017. Aquella rotura del tendón, que le obligó a ser operado en Finlandia por el doctor Sakari Orava, marcó su primera temporada en el Barça. Aquella lesión estuvo plagada de interrogantes. Si el jugador calentó bien o no, si ya en el calentamiento estaba lesionado y no lo avisó a los doctores. Si era necesario aquel escorzo para dar un taconazo que apenas evitaba un saque de banda. Como mucho de lo que ha rodeado a Dembélé en el Barça desde que llegó procedente del Bourssia Dortmund, todo sin mucha explicación.

2019 ha vuelto a ser un año difícil para Dembélé. Después de un espectacular inicio de temporada 18-19, con goles decisivos en Valladolid, San Sebastián, Vallecas; maravillas como la de que dejó ante el Tottenham y un ratito de arrancadas el día del 5-1 al Madrid, el francés empezó a acumular lesiones. Un problema en el tobillo, un desgarro muscular y, finalmente, una lesión a los 25 segundos de partido en Vigo, donde llegó después de fallar un gol cantado que hubiera supuesto el 4-0 contra el Liverpool en la ida de la semifinales de Champions. Dembélé no pudo jugar el partido de vuelta y antes de la final de Copa, que no iba a jugar por lesión pero que se preparó con la tensión lógica después del 4-0 en Liverpool, dejó otro episodio de impuntualidad que no gustó nada a Valverde.

Aparentemente, Dembélé había vivido tranquilo en verano y había preparado a conciencia la temporada. Pese a estar en las quinielas de la operación Neymar, él avisó al vestuario antes de final de la temporada pasada y también en julio de que empezaría el curso en el Barça. A la tercera temporada, muchos creyeron que iría la vencida, pero el francés empezó rompiéndose en Bilbao. Un nuevo ejercicio de pérdida de credibilidad para el jugador, y de pérdida de fe entre los que todavía creen en él. Dembélé se defiende acusando a quienes le señalan. Su entorno mantiene que el jugador no tiene los episodios de indisciplina que se le reprochan y que su vida es profesional y no afecta en las lesiones que ha sufrido. Lo cierto es que Dembélé, 22 años todavía, vuelve a la casilla de salida de Getafe con el mismo estatus que hace tres años. Siendo apenas una esperanza que tiene en guardia al personal en cada gesto fuera de lo normal que realiza en el campo.

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