Juniors Villalobos, un poema a la vida

La vida es como un viaje, lleno de emociones, experiencias, alegrías, tristezas, desilusiones y un sinfín de sentimientos y situaciones muy diferentes en cada caso particular. Es eso lo que la hace única (y a veces inclemente); el hecho de que cada quien tenga que enfrentar sus propias adversidades y tenga que pelear su propia batalla. Lo que definitivamente está muy claro, es que a algunos les tocan viajes menos transitables que a los demás pero son capaces de conseguir la felicidad bajo cualquier circunstancia.

Corría el año de 1986, Mirijan Escobar se dirigía a un chequeo médico para examinar el estado de salud de su bebé. Iba acompañada de su esposo Waldo Villalobos, quien al igual que ella sentía una vorágine de emociones positivas con el simple hecho de pensar en tener un niño. Luego del procedimiento aparentemente rutinario el doctor pudo sacar una conclusión que inquietaría a la pareja; todo parecía indicar que su hijo sería tetrapléjico.

Digerir aquella noticia no fue fácil para ninguno de los dos, el camino de vuelta a casa estuvo plagado de pensamientos indescriptibles que rondaron su cabeza y se alargaron durante días y hasta semanas. Pero al final de aquel transitar mental hubo una clara conclusión, en el fondo realmente nada pasaba: ¿En qué cambiaría eso el amor que sentirían por su hijo? ¡En nada! El cariño incondicional que le iban a dar desde el principio seguiría allí durante el resto de su vida.

Por fin llegó aquel 4 de noviembre; ese día nació Juniors, un muchachito diferente en todos los aspectos, pero que resaltaría sobre todas las cosas por la nobleza de su corazón. El comienzo de esta historia fue bastante complicado para todos, aquel niño recibió terapia desde los siete meses. A pesar de que desde muy pequeño pudo sentir como todo se le hacía más duro que a los demás, tuvo la suerte de contar con unos padres decididos a ayudar a su hijo en todo aquello que pudieran.

Los años transcurrieron y con ellos vino la entrada a la escuela. Prácticamente desde el principio fue objeto de burlas por parte de sus compañeros, esto es algo entendible hasta cierto punto viniendo de niños, lo que no es entendible es que los mismos maestros lo rechazaran en algunas ocasiones.

Querido por unos, incomprendido por otros

Aquel jovencito que tenía que lidiar con el hecho de vivir en silla de ruedas pasó por varias instituciones y varios colegios en busca de aceptación. Poco a poco se adaptaba y sus compañeros lo comenzaban a querer, pero en una de esas instituciones su madre vivió uno de los momentos más duros de su vida: una maestra la llamó un día luego del fin de la jornada escolar, le pidió que se colocara delante de su escritorio y le dijo “llévese a su hijo a su casa porque nunca va a aprender a leer ni a escribir”. Mirijan salió de aquel salón haciendo un esfuerzo sobrehumano por contener las lágrimas; producto de la impotencia y la tristeza, pero también salió decidida a demostrarle a aquella mujer poco profesional que Juniors sería capaz de salir adelante.

Un respiro era todo lo que necesitaba el muchacho, algo que lo motivara, que lo moviera y eso lo consiguió gracias al deporte, su padre comenzó a llevarlo al estadio José Bernardo Pérez a los ocho años aproximadamente y allí se empapó de la fiebre del beisbol. Durante aquellos años no existían las instalaciones para personas discapacitadas y esto era un poco incómodo: “Mi papá me sentaba en las sillas rojas pero yo era muy pequeño y no tenía equilibrio, así que para tomarme una foto tenía que pedirle a cualquier persona que estuviera sentada atrás de nosotros que me sostuviera por el cuello para estar derecho”, afirmó Juniors entre risas, pero sin negar que fuera algo poco placentero.

 

Amor al baloncesto

Otra persona que le dio sentido a su vida fue un profesor de educación física al que considera parte de su familia. Su nombre es Edgar Romero, él comprendió que Juniors no necesitaba un maestro, sino un amigo, alguien que lo escuchara y lo entendiera. Además de hacer esto le enseñó todo lo referente al baloncesto, sus conocimientos sobre el deporte en general y sobre los mejores jugadores del momento. Este hecho, junto a las constantes idas al Forum a ver a Trotamundos de Carabobo enganchó al protagonista de nuestra historia al “deporte de las alturas”.

Aunado a esto, el profesor Romero consiguió la manera de hacerlo parte de dicha disciplina: lo nombró asistente técnico del equipo escolar. Es así como juntos crearon un montón de anécdotas bonitas, ganaron campeonatos, visitaron otras escuelas y conocieron a muchas personas. Juniors poco después consiguió graduarse, se sobrepuso a las circunstancias y siempre se quedó con las cosas buenas para desechar las malas.

Los años han pasado y nuevos problemas aparecieron: la situación del país hizo que perdieran sus abonos para ir a ver a los equipos profesionales de Carabobo, sin embargo la Fundación Magallanes decidió permitirle entrar de manera gratuita al estadio y más adelante Trotamundos hizo lo mismo.

Nuestro protagonista ha tenido una vida difícil, nadie lo puede negar pero su actitud ha sido admirable, pues ha salido airoso de batallas en las que todos nosotros hubiéramos sido derrotados y lo mejor de todo es que en ningún momento ha perdido su sonrisa y su nobleza. No es para nada fácil tampoco para sus padres, ellos han dedicado su vida entera a su hijo y en ese esfuerzo se han visto inmersos en el medio de la tormenta… Pero el amor siempre es más fuerte.

Definitivamente, la historia de Juniors es un poema, un poema a la vida misma.

¡Espera! Juniors hay algo más que te queremos decir: En la entrevista nos confesaste que uno de tus sueños era ser periodista y poder hablarle a las personas sobre tus conocimientos, por lo tanto decidimos abrirte las puertas de este portal web para que puedas escribir y publicar artículos, de esta manera te queremos brindar la oportunidad de expresarte y de contar también historias del deporte carabobeño. La Hiena Sport es tu casa amigo, Dios te bendiga.

Crédito: lahienasport.com

Siguenos en las Redes Sociales:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *