Calidad de Vida: Cuida tu salud, sonríe más

Autor: Arnaldo Rojas

No solo es una de las medicinas más baratas sino accesible para todos. Una buena carcajada es el mejor remedio para muchos males. Ya lo dijo Lord Byron: “Ríete siempre que puedas. Es una medicina barata”. Numerosos estudios han indicado que reírse puede reducir la producción de la hormona del estrés, cortisol, y disminuir la tensión en el corazón. Además, baja el nivel de azúcar en la sangre (lo que es bueno para los diabéticos), promueve el flujo de sangre y estimula el sistema inmunológico. Incluso, en términos de ejercicio cardiovascular, un minuto de risa equivale a 10 minutos en una máquina tipo Orbitrek.

La antigua y sabia recomendación de “no tomarse la vida tan en serio porque de ella no saldremos vivos” es muy oportuna en estos tiempos en que se ha impuesto un estilo de vida estresante, donde cada vez hay menos espacio para la empatía. La amabilidad y la sonrisa escasean a tal punto que quienes la practican son vistos, por lo menos, como sospechosos. Por supuesto, no se trata de ser indiferente o evasivos ante la realidad que vivimos sino de adoptar una actitud más flexible para preservar nuestra salud mental.

Es por ello que en esta cruzada por el rescate del buen humor se ha popularizado la Risoterapia. Esta idea de la risa con fines médicos y terapéuticos fue postulada, en 1970, por Pacht Adams (cuya vida fue llevada al cine, estelarizada por Robin Williams), a través del Payaso de Hospital, personaje que se ha posicionado mundialmente (en nuestro país lo representa Dr. Yaso). Gracias a la iniciativa de Pacht Adams la Risoterapia se ha incluido en la medicina contemporánea. Posteriormente, en 1976, Norman Cousins en un artículo publicado en la revista The New England Journal of Medicine, refiere como le tocó enfrentar una enfermedad degenerativa dolorosa y potencialmente mortal (espondilitis anquilosante), la cual trató exitosamente con vitamina C, y viendo películas de Chaplin. Desde entonces, la risa fue tomada más en serio.

Tanto es así que existe una especialidad, la Gelotología que se encarga de estudiar los efectos de la risa en el cuerpo y la mente. Los gelotólogos señalan que nuestra habilidad de reír probablemente es anterior a la de hablar por cientos de miles de años. Además, no es algo que se aprende: personas que son tanto sordas como ciegas también ríen. Igualmente refieren que no se trata tanto de una expresión sino que la intención de la risa es provocar sentimientos positivos en los demás, lo que promueve la sensación de cohesión en los grupos. Eso puede habernos ayudado a sobrevivir como especie.

Una reciente investigación de la unidad de Neurobiología del Comportamiento de la Universidad de Maryland, EE.UU. estudió patrones de risa femeninos y masculinos, a través de “safaris urbanos” realizados en centros comerciales y espacios públicos, documentando 1.500 episodios de risa. Concluye que las mujeres ríen más que los hombres y que los hombres son los principales productores de humor y las mujeres las principales productoras de risa. Diferencias que ya están presentes para cuando empezamos a hacer chistes por primera vez, lo cual ocurre más o menos a la edad de seis años.

Agrega el informe que las mujeres se ríen mucho más a menudo que los hombres con los que están hablando. “Al conversar, las mujeres ríen más, sin importar cuál sea su audiencia. Los hombres son más quisquillosos: se ríen más cuando conversan con sus amigos que cuando la audiencia es femenina”. Otra conclusión interesante es que quienes hablan se ríen 46% más que quienes escuchan, y que la gente se ríe alrededor de 30 veces más cuando está acompañada que cuando está sola. Esto respalda la teoría de que la función primaria de la risa es social. Así que no dejes de utilizar esta medicina que, además de ser gratuita, siempre la tienes a mano.

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