Calidad de Vida: Relaciones peligrosas

Autor: Arnaldo Rojas
Dime cómo te relaciones y te diré qué padeces…. es una buena variante del conocido proverbio popular, considerando que nuestros sentimientos hacia los demás, sean estos positivos o negativos, afectan de forma directa nuestra salud. Actualmente la Psiconeuroinmunología ha demostrado como los estados emocionales inciden en nuestro estado de salud.
Esta novedosa especialidad se nutre de una tradición médica que se remonta a la antigua Grecia cuando Sócrates le decía a sus compatriotas que no podían curarse el cuerpo sin tener en cuenta la mente. Mientras que Hipócrates (considerado padre de la medicina) destacaba la influencia del entorno en la salud y la enfermedad y acentuaba la importancia de la relación entre médico y la persona afectada.
El estilo de vida de la sociedad actual ha creado una especie de demonio moderno que se ha popularizado con el nombre de “estrés”. Sus causas son muchas, pero hay una fundamental que, en los últimos tiempos, ha merecido mayor atención por parte de los médicos y del público en general: el estrés que resulta de las relaciones personales. Es muy posible que en estos momentos exista en su vida una relación que represente una importante fuente de estrés. Puede ser una relación con su pareja, con alguno de sus hijos, con sus padres, con un jefe o con uno de sus compañeros de trabajo. Quizás con frecuencia experimente tensión al lidiar con cobradores, vendedores, empleados públicos, operadores del transporte público y otras personas que le provocan un malestar acumulativo por el trato frecuente, aunque no conviva con ellas. Ello se suma a las interacciones con las personas significativas en su vida, aquellas con las que se relaciona a diario. Todos estos factores son la causa más probable de su estrés y su agotamiento.
Puede que usted se sienta atrapado en una relación que de verdad lo está poniendo enfermo, como el caso de aquel empleado a quien su exigente y mal humorado jefe le estaba provocando malestar estomacal y jaquecas o como aquella mujer madura que sólo después de separarse de su marido comprendió que su colitis e insomnio crónico eran resultado de sus tormentosas relaciones. Lo cierto es que, generalmente, no asociamos los síntomas de nuestras molestias de
salud con el tipo de relaciones personales que mantenemos. Esto no quiere decir, por supuesto, que todos los síntomas, incluidos aquellos que son claramente sicosomáticos, tienen su raíz en relaciones problemáticas. Algunos se deben a proyectos irrealizables, a la contaminación ambiental, a malos hábitos alimenticios e incluso, al hecho de no estar a la altura de las propias expectativas o de nuestras personas más queridas.
No obstante, la experiencia clínica ha demostrado que cualquiera sea la dolencia inicial que presente la persona afectada (depresión, una fobia, ansiedad incontrolable, entre otras) la consulta desemboca, por norma general, en una relación problemática que genera tensión o en el estrés producido por este tipo de relaciones llamadas “tóxicas”. Cabe aclarar que el estrés no causa la enfermedad pero le prepara el terreno al agotar las defensas naturales del cuerpo contra la infección. Es así como las relaciones personales, lo mismo que las demás situaciones difíciles de la vida, pueden predisponer a contraer una enfermedad. Por tanto, lo más recomendable es sanar nuestras relaciones lo cual nos permitirá poder superar problemas de salud mejorando la forma de tratar con los demás. No existe la menor duda que mantener relaciones armónicas o equilibradas nos da mayor calidad de vida.
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